No a la mercadocracia

[dropcap color=”#336600″ font=”arial” fontsize=”40″]H[/dropcap]asta hace muy poco se ha dicho que la reivindicación a favor de una mayor y una mejor democracia poco tiene que ver con una salida de la crisis. Bajo el lema del «es la economía, estú- pido» nos venden que no hay más alternativas que el ajuste duro, a golpe de recortar derechos. El esquema es bien sencillo: vender un producto, como si de consumidores —que no ciudadanos— se tratara, esconder las políticas más duras para después aplicar un programa de recortes que nunca se anunció.

Este es el esquema que se viene aplicando, en Portugal, en Grecia, en España o en Catalunya. Se ganan las elecciones —Mas es el último ejemplo— con un programa vago y con muy pocas concreciones pero con la promesa de no afectar a los derechos fundamentales. Después se aplica un programa de recortes sociales injustos, renunciando a cualquier política de ingresos y con la legitimidad de las urnas que le avalaron.

Pero la mercadocracia no sólo tiene consecuencias económicas, sino que tiene un claro efecto negativo sobre el funcionamiento democrático, limitando claramente su alcance. A ello se suma un funcionamiento obsceno, que provoca la indignación de la sociedad cuando los bancos se atreven a dejar sin vivienda a personas que no pueden pagar una hipoteca. Lo más grave es que el dominio de la mercadocracia tiene por el momento un efecto colateral extraordinario: la pérdida de legitimidad de la política a ojos de buena parte de la ciudadanía. Y al final las opciones conservadoras son las grandes ganadoras de las elecciones, se hacen con todo el poder, aun cuando no tienen muchos más votos.

Antonio Moreno, Grup Municipal d’ICV-EUiA de Corbera de Llobregat

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